El email sigue siendo la herramienta principal en las transacciones inmobiliarias. Sin embargo, es uno de los puntos más vulnerables.
En todo el mundo, más de mil millones de cuentas de correo electrónico se vieron comprometidas en el último año y el sector inmobiliario continúa siendo un objetivo lucrativo.
El riesgo es aún mayor en las transacciones de alto valor. Hay grandes sumas de dinero, varios participantes y plazos predecibles, lo que facilita a los delincuentes infiltrarse en momentos críticos.
El correo electrónico estándar nunca se diseñó para una comunicación segura y verificable. Los mensajes pueden ser interceptados, falsificados o modificados sin que se detecte. Cuando se utiliza el email para compartir instrucciones de pago, documentos de identidad o detalles contractuales, la posibilidad de fraude aumenta considerablemente.
En las operaciones inmobiliarias, estas vulnerabilidades se agravan por la cantidad de personas implicadas. Abogados, notarios, agentes, prestamistas y clientes pueden estar enviando información a través de cadenas de correos separadas, muchas veces sin un registro central de qué se envió, cuándo y a quién.
Los estafadores no necesitan comprometer todas las cuentas involucradas en una operación. Con acceder a una sola bandeja de entrada suelen tener suficiente. Entre las tácticas habituales están:
Compromiso de correo electrónico empresarial (BEC, por sus siglas en inglés): se utiliza una cuenta robada o una dirección falsa para enviar instrucciones de pago fraudulentas.
Secuestro de conversaciones: insertan mensajes maliciosos en diálogos existentes, muchas veces con contexto convincente.
Recolección de documentos: recopilan datos personales y financieros para usar posteriormente en robos de identidad o toma de cuentas.
Una vez que los fondos han sido desviados, recuperarlos es difícil y, a menudo, imposible. Todo se vuelve aún más complejo en operaciones transfronterizas.
El aumento de la actividad internacional y del volumen de operaciones significa que cada vez más profesionales manejan datos sensibles de clientes que quizá jamás lleguen a conocer en persona. Esto amplía la superficie de ataque y facilita el uso de técnicas de ingeniería social.
La dependencia del correo electrónico, incluso cuando existen alternativas mejores, deja expuesto al sector. En muchas jurisdicciones, como la española, no proteger adecuadamente los datos personales puede acabar en sanciones regulatorias.
Proteger las operaciones requiere mucho más que formación en concienciación. Los canales de comunicación seguros, las verificaciones de identidad y los controles de acceso según el rol pueden cerrar muchas de las brechas que los delincuentes explotan hoy en día. Los sistemas que registran y rastrean cada acción durante una operación dificultan el fraude y facilitan demostrar lo ocurrido en caso de incidente.
En vez de depender de bandejas de entrada que los delincuentes ya saben cómo acceder, los profesionales inmobiliarios necesitan canales diseñados para el trabajo: cifrados por defecto, con verificación de identidad y capaces de mostrar un historial completo e inviolable de la operación.
Eliminar el correo electrónico de las fases más sensibles de una transacción es una de las formas más sencillas de reducir drásticamente el riesgo.
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